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Discapacidad e inclusión: cómo usar lenguaje inclusivo en el trabajo

21/12/2021 · editor

Cómo ser inclusivo también con el lenguaje

 

¿Minusválido? ¿Retrasado? ¿Incapacitado? ¿Inválido? Ninguna de ellas es respetuosa con la realidad de las personas con discapacidad. Aprende a escoger las palabras adecuadas para dirigirte al colectivo. La discapacidad e inclusión no son una cuestión menor, el lenguaje construye mundo. No en vano, uno de los grandes filósofos de todos los tiempos, Wittgenstein, aseguró que «los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo».

Antes de nada: esa persona de que piensas «pobrecito» porque va en silla de ruedas, o porque es ciego, es una persona que trabaja, se enamora, se casa, tiene hijos, se ríe, le gusta (o no) el fútbol, hace la compra, viaja, vota, paga impuestos. Como tú.

Para empezar, destierra para siempre este término: «minusválido» Etimológicamente significa «que vale menos», y una persona con discapacidad vale lo que cualquier otro ser humano. La expresión, «persona con discapacidad» es la aceptada, porque hace primar la condición de persona por encima de cualquier otra circunstancia, como la discapacidad. Además, es el único término válido y consensuado que contempla la Convención Internacional sobre los Derechos de la Personas con Discapacidad de Naciones Unidas aprobada y ratificada por España. Recuerda: ¡nunca minusválido!

Cualquier duda a este respecto podemos despejarla. Basta con que nos escribas a nuestro correo.

 

Cómo incluir la discapacidad e inclusión en tu día a día

Evita todos los términos que puedan tener una carga peyorativa, y quédate con este, «persona con discapacidad», mucho mejor que otros que, sin tener una carga despectiva, despistan, por ejemplo «gente con diversidad funcional» o «personas con capacidades distintas». No se trata de tener una diversidad funcional, se trata de que contamos con una discapacidad, localizada, evaluada, que puede suplirse, en la mayoría de los casos, con adaptaciones. Tampoco es que tengamos capacidades distintas, cada ser humano tiene capacidades distintas, así que no se trata de establecer dos grupos, el resto, «los normales», y los que cuentan con «capacidades distintas». Recuerda: persona con discapacidad. Ah, ¡y nada de «personas normales» parta referirnos a quienes no tienen discapacidad!

 

Enfermedad y discapacidad

La discapacidad concurre en algunas personas, pero ten presente que no es una enfermedad, así que nada de sufrir o padecer una discapacidad, muchos menos ser víctima de una discapacidad. ¡Que esto no es un folletín! Uno tiene una discapacidad. Tampoco se queda uno postrado o condenado en una silla de ruedas, sino que es usuario de una.

Es un tremendo error utilizar como sinónimos enfermedad y discapacidad. Son dos conceptos que pueden estar en ocasiones vinculados, pero no hay que dar por sentado que la discapacidad sea una consecuencia de la enfermedad. Por ejemplo, una persona con soriasis tiene una enfermedad, pero no una discapacidad; por el contrario, una persona con sordera presenta una discapacidad, pero no está enferma.

Por otro lado, al comparar a las personas con discapacidad con el resto de ciudadanos, evita expresiones del tipo «las personas con discapacidad, al contrario que las personas normales», y si tiene que utilizar la palabra dependencia en alguna de sus modalidades será mejor hablar de «personas en situación de dependencia» que de «dependientes».

 

¿Inclusión o integración?

Otra cuestión. Se prefiere «inclusión» a integración. Incluir es más que integrar. Implica respuesta, reciprocidad. «Integración» sugiere que la persona con discapacidad es quien tiene que hacer el esfuerzo por ser uno más, mientras que «inclusión» es un término dinámico en el que todas las partes implicadas se amoldan apara procurarse la mayor bienestar posible.

Ah, cuidado con el humor. Las personas con discapacidad lo tienen, pero hay que tener tacto cuando estamos con ella y no frivolizar la condición con una batería de chistes o gracias que pueden dejan de serlo porque ofenden.

 

Lenguaje inclusivo para cada tipo de discapacidad

Y ahora, vayamos al detalle.

  • Los ciegos (36 millones en el mundo y 217 con problemas visuales). Se prefiere «ciego, a» o «persona con discapacidad visual», evitando siempre el uso de «invidente». La persona sordociega (una palabra, no dos) utiliza lectoescritura, y los ciegos, el sistema braille.
  • Las personas sordas (360 millones en el mundo) utilizan, pero no todas, la lengua de signos, recuerda lengua de signos, no lenguaje de signos. En España hay cuatro lenguas de signos: la española, la vasca, la gallega y la catalana. Hay tantas lenguas de signos como idiomas. Nunca utilizaremos el término «sordomudo, a». Las personas con discapacidad auditiva (que no son sordas totales) pueden utilizar audífonos o implantes cocleares, nunca «sonotone».
  • En lo que se refiere a personas con discapacidad física. Nada de «enano, a». El térmico correcto es «personas con acondroplasia» o «personas de talla baja».
  • La enfermedad mental es el territorio más delicado. Conviene tener en cuenta que la enfermedad mental es una condición que no tiene por qué estar presente durante toda la vida y se debe ser extremadamente cuidadoso, ya que estas personas son las más estigmatizadas de todas. Hablaremos de «ingresos hospitalarios» en vez de «ingresos psiquiátricos» y olvidaremos palabras como manicomio, psiquiátrico, encierro, reclusión

 

Con la lectura de esta pieza tendrás un lenguaje inclusivo para esos trabajadores con discapacidad que aportarán a tu empresa una diversidad enriquecedora. Cualquier duda que te surja, estamos aquí para atenderte.

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